Salesianos de San Juan Bosco

Salesianos de San Juan Bosco
Inspectoría de Cristo Rey y María Auxiliadora

domingo, 3 de febrero de 2008

Tema Misionero 2

Las teologías locales como expresión de la fe encarnada

José Vicente Monteagudo

"Teología" es un concepto que puede evocar resonancias distintas: para un no-creyente es un discurso vacío de contenido, pues Dios no es más que una idea creada por el hombre; para un creyente al que las "movidas" de la Iglesia le "resbalan" es cosa de curas y en todo caso, una reflexión sobre una idea muy particular y personal sobre Dios; para los que nos movemos en el mundillo de la Iglesia tiene también varias connotaciones: es un pozo inagotable desde el cual justificar razonablemente una ideología y una tendencia eclesial; o una ciencia que, sistemáticamente elaborada, se estudia en facultades, seminario y centros teológicos (y que está alejada de la realidad social y cultural); o una simple especulación sobre conceptos inmutables, reservada para unos pocos "sabios"( y para la curia romana).

Sin embargo, tiene también un sentido para mí más significativo: indudablemente es un discurso racional y riguroso, pero cuyo estímulo, objeto y finalidad es la fe y su sentido para el cristiano. Surge de la experiencia de fe, desde la que éste se pregunta por las implicaciones que para su vida y la de los demás tiene, y por cómo hacer esta fe inteligible al mundo del que forma parte el hombre de hoy. Es una reflexión que busca superar todo fundamentalismo porque sirve de motor dinamizador de las fórmulas demasiado rígidas de los dogmas (si bien éstos hacen un servicio a la identidad de la propia fe).

En resumen, el contexto cultural concreto en que uno vive plantea determinadas preguntas a la vivencia del creyente: su fe, para madurar y no quedarse en un nivel de inocencia o de simple contestación social tiene que dar respuestas adecuadas a la realidad que le rodea y entrar en diálogo con ella.

Durante muchos años, la teología ha tenido una formulación caracterizada por una centralización del saber (no sólo teológico) en los países desarrollados. La teología europea ha marcado la pauta desde unas bases filosóficas e ideológicas también europeas (platonismo, aristotelismo, tomismo, escolástica,existencialismo, liberalismo, etc.).

Pero las diferentes iglesias cristianas se han extendido enormemente por América Latina, África, Asia y Oceanía, lugares que culturalmente son incluso radicalmente distintos a la vieja Europa. ¿Cómo puede transmitirse el Evangelio en esas culturas sin imponer nuestras categorías teológicas que responden a esquemas grecolatinos? ¿No es la fe acaso un don que se recibe y no algo impuesto y aprendido de memoria? También, en el primer mundo aparecen en nuestros días otros planteamientos culturales e ideológicos que afectan a estas cuestiones: cultura gitana, feminismo, nacionalismos, inmigrantes, etc.

Existen actualmente muchísimas visiones del mundo distintas dentro de una misma Iglesia, y cada comunidad tiene derecho a expresar su fe también desde esquemas distintos, con una teología contextualizada, propia, local. Surge aquí otra cuestión: ¿puede la comunidad ser fiel tanto al propio entorno cultural en que vive, piensa y siente, como a la fe en Cristo recibida de la tradición cristiana? Hay un sentimiento creciente de que las teologías heredadas de las iglesias del primer mundo no se adaptan de forma adecuada a circunstancias culturales muy diferentes. Se les ha acusado de paternalistas y colonialistas porque no ofrecen una respuesta real a sus inquietudes y problemas. Documentos del Concilio Vaticano II (Decreto "Ad Gentes") o la "Evangelii Nuntiandi" de Pablo VI hablan de una teología misional y emplean vocablos como: "indigenización", "inculturación", "adptación", "localización", "contextualización", etc.


Esta nueva teología o mejor dicho estas nuevas teologías desarrollan su labor preocupadas por el contexto, método e historia. Comienzan por un estudio detallado del contexto, por lo que echan mano, no sólo de la filosofía sino también de la antropología, sociología, etnología, semiótica, etc.: su desarrollo da más prioridad al papel de la comunidad como creadora de teología a la luz de la historia de su contexto (dominaciones raciales, económicas, sexuales e ideológicas). A este trabajo teológico se le ha llamado "teologías indígenas", "etnoteología", "inculturación", "teología contextual" o "teología local": este último es el término más apropiado, porque hace referencia a la "iglesia local" y porque cada contexto admite un acercamiento distinto.
En su proceder, las teologías locales responden a diversos modelos:

1) Se dan modelos de traducción. Buscan un paralelismo entre lo esencial de la fe y de la cultura en que se transmite, pero su análisis cultural es superficial e interesado por la urgencia pastoral y porque lo que se transmite como esencial de la fe no va desnudo culturalmente hablando, sino que conlleva imposiciones de la cosmovisión occidental.

2) Modelos de adaptación: tratan a la cultura con mayor seriedad, se dividen en tres grupos. El primero intenta construir una cosmovisión de la cultura local que sirva de base para la elaboración teológica; sin embargo pretende una teología académica y sistemática que no responde a las inquietudes profundas de la cultura: no deja de ser un esquema noratlántico de elaborar teología.


El segundo se basa en la fidelidad a la "Iglesia uniforme del Nuevo Testamento" (propio de las iglesias calvinistas) como base filosófica fundamental; pero se trata de una precomprensión europea de la reforma protestante del siglo XVI. El tercer grupo busca anunciar la fe apostólica para que sea asimilada por la cultura local desde sus propios esquemas vitales: respeta así la tradición cristiana y las tradiciones autóctonas, pero ¿dónde se puede encontrar una cultura pura en la que el cristianismo no haya influido ya? ¿Vamos a negar a determinadas tribus o etnias la posibilidad de responder desde su fe a las influencias del mundo occidental que ya han calado en su cultura?

3) Por fin, contamos con los modelos contextuales: se fijan más en el contexto cultural peculiar en que la fe es recibida, se expresa y asimila para que desde las comunidades cristianas de este entorno sean capaces de construir una teología propia, o "su" teología.
Dos son los procedimientos que sigue este modelo:

a) Los procedimientos etnográficos, que se preocupan por responder a los problemas de la identidad racial, nacional, femenina, etc. dónde ésta ha sido "colonizada" o es absorbida por otra identidad cultural dominante. Analiza la problemática del entorno e interpela desde ahí a la tradición cristiana. Su debilidad consiste en no atender al cambio social que crea conflictos en un determinado contexto. Puede convertirse entonces en un conservadurismo cerrado sobre sí que dogmatiza la propia herencia histórica.

b) Los procedimientos de liberación atienden a los conflictos que genera el cambio social y el choque de culturas con intereses divergentes. Se centran en la situación de violencia, opresión, pobreza y discriminación que sufren determinados pueblos y sectores sociales, y desde aquí hacen una lectura creyente desde la oferta de salvación que en la Biblia aparece. Su peligro consiste en que pueden centrarse demasiado en la acción liberadora y no tienen en cuenta la profundidad del mensaje de la fe, con lo que se cierran en una lucha irracional contra el poder y destruyen la religiosidad popular. Sin embargo estos procedimientos son los que mejor han dado respuesta a la realidad de la cultura local.

Después de éste análisis, hay que recordar que el sujeto principal que elabora una teología local es la comunidad cristiana: ella puede hacer una lectura de la Escritura y la Tradición desde su propia identidad y situación. La teología se convierte así en una pedagogía para la acción. Es en este momento cuando aparece la figura del teólogo profesional, que toma esa experiencia vivida en su comunidad y la contrasta con la experiencia de otras comunidades y con la experiencia del pasado, abriendo su comunidad a nuevas perspectivas. Después adquieren protagonismo los "profetas" y los "poetas". Los primeros son las voces críticas de la comunidad y los que descubren la Palabra de Dios en los "reglones torcidos" de aquélla; los poetas traducen todo ello a símbolos y metáforas que manifiestan con profundidad toda esa experiencia de vida.


Con todo ello, vemos que tanto el evangelio como la iglesia (católica o protestante) se interrelacionan dentro de una cultura a través de una comunidad concreta. Esta se pone a la escucha de la cultura, no desde un análisis funcionalista (demasiado pragmático y poco atento a lo simbólico), ni desde materialismos o ecologismos (útiles para contextos culturales en cambio, pero reduccionista en su interpretación de cosmovisiones sólo a partir del entorno físico), ni tampoco desde lecturas estructuralistas (que descubren estructuras de identidad y cambio cultural pero que, al basar la elaboración cultural en estructuras mentales, subordinan demasiado lo empírico), sino desde el análisis semiótico. Éste permite acercarse a la cultura local dejando hablar a la misma; se acerca a sus "textos" (expresiones mínimas de identidad o de cambio social de una cultura: peleas de gallos, corridas de toros, bodas gitanas, reducción de la cultura vitivinícola de Albacete, etc.,) y descubre en ellos un conjunto de signos y metáforas que se interrelacionan y transmiten mensajes.

De esta forma, la cultura se manifiesta por sí misma en su significación profunda. La labor de la teología se situaría por ello desde la perspectiva del receptor (y no desde el emisor como en los modelos de traducción y adaptación). Éste me dice qué simbología y qué reglas he de seguir para que la fe pueda decir algo a la experiencia de la cultura en que una comunidad está insertada. La teología se constituye entonces en un instrumento al servicio de la autenticidad de la fe encarnada en la vida del hombre concreto.

Tema Misionero 1


"Sal de tu tierra"
Dos Modelos de misión en el COMLA 6/Cam 1
(17 Marzo 2000)
Tom Ascheman, SVD


Miles de convencidos cristianos venidos de todos los países de las Américas se dieron cita en el Congreso misionero celebrado en Paraná, Argentina, entre el 28 de septiembre y el 3 de octubre recién pasado. Juntos tuvieron ocasión de reflexionar y cantar y danzar y rezar, reafirmando su compromiso de vida en la misión universal de la Iglesia. Una mirada retrospectiva sobre este nuevo COMLA, ahora CAM (Congreso Misionero Americano) nos ofrece la adecuada ocasión para ver cómo la Iglesia presenta su misión a nivel de pueblo cristiano.


1. Un movimiento de base


La trayectoria de los Congresos Misioneros Latinoamericanos que comenzó en 1977 muestra el desarrollo de un movimiento popular, vigoroso y sostenido, de apoyo a la misión universal de la Iglesia. Desarrollo que es un hecho sin paralelos en el Catolicismo contemporáneo. En otras latitudes, un Congreso Misionero seguramente reuniría de preferencia a expertos y se desenvolvería en un clima de academia. En los COMLA’s, en cambio, el tono lo dan las multitudes de jóvenes y los numerosos grupos de laicos. Si bien las charlas y los debates de grupo previstos son interesantes, la expresión más importante del Congreso estriba en el canto, la danza y la convivencia. Baste el siguiente detalle para medir el interés que el Congreso despertó en la diócesis de Paraná: más de 1.200 jóvenes se alistaron entre los "servidores" dipuestos a ofrecer su ayuda en la acogida de los huéspedes y en su traslado de un lugar a otro, a dar información y prestar los más variados servicios de organización. Sin duda, resulta de particular importancia evangelizadora que este movimiento popular misionero tome cuerpo en un sector de la Iglesia que hoy representa el 40% del Catolicismo mundial.

Este sexto COMLA ofreció la primera oportunidad para que también los delegados de Estados Unidos y Canadá se sintieran parte del programa. A partir de esta celebración, el Congreso será designado con el nombre de CAM (Congreso Misionero Americano). Siendo que en su conjunto la Iglesia de las América representa el 65% de la población católica mundial, es de esperar que gracias a esta integración de Norteamérica el entusiasmo que ha caracterizado hasta ahora la celebración de los COMLAS siga profundizándose en el hemisferio sur y se extienda en el norte reforzando de esta manera en forma notable el interés por la misión de la Iglesia.

2. Dos diferentes modelos de misión

La consigna del Congreso "¡América, con Cristo sal de tu tierra!" encontró eco en todos los tonos imaginables de sus cantos, oraciones y presentaciones. El doble sentido de la frase "sal de tu tierra" traduce en forma asaz significativa las dos modalidades diversas del pensamiento misionero. A continuación quisiera describir estos dos diversos modelos que se evidenciaron también a lo largo del Congreso y resaltar sus bondades y eventuales deficiencias.

2.1 Modelo geográfico identificado al crecimiento de la Iglesia

El lema "sal de tu tierra" puede ser entendido como una invitación a dejar la patria, pasar a otro país y vivir en medio de otro pueblo, a fin de llamar a su gente al seguimiento de Jesús en la Iglesia. Cuando se piensa la misión en esta perspectiva, fácilmente se mide el éxito de la evangelización en números de convertidos. El mensaje de apertura entregado por el Cardenal Tomko subrayó fuertemente este modelo de misión. Pasando revista al panorama mundial de la evangelización, el Cardenal indicó minuciosamente en cada continente el porcentaje de católicos sintetizando el cuadro en los siguientes términos:

"En el año 2000 la población de nuestro planeta alcanzará los 6.000 millones de personas. Actualmente los católicos son 1.000 millones; los cristianos juntos constituyen casi una tercera parte de la humanidad, mientras que más de dos tercios no conocen todavía a Jesucristo ni su mensaje y estas poblaciones aumentan a un ritmo mayor de los cristianos."
El discurso del Cardenal, muy bien recibido por los participantes, concluyó con el vibrante llamado: "América misionera, con Cristo, sal de tu tierra! ¡Alzate, camina y va siempre adelante!"
Sin duda esta visión misionera tiene la ventaja de ser clara y desafiante. Trasmite la impresión que el objetivo fundamental de la misión consiste en bautizar a los no-cristianos. Para que esto sea posible es necesario que muchos misioneros abandonen su patria, vayan a otros países y continentes y desgasten tus energías en la tarea misionera entre no católicos.

2.2 Modelo de situaciones misioneras, testimonio del Reino de Dios

El lema del Congreso "sal de tu tierra" puede leerse de otra manera. Sal es el elemento que da sabor y que transforma. Los cristianos están llamados a ser sal que transforma el mundo. El modelo de misión tomado desde este enfoque pone el acento en el efecto de la actividad de la Iglesia en el mundo. Si el primer modelo enfatiza el crecimiento numérico de los seguidores de Cristo en la Iglesia, este segundo modelo presupone que el crecimiento eclesial es sólo un objetivo intermedio. La finalidad última de la misión "ad gentes" es la transformación del mundo mediante el testimonio cristiano en favor de los valores del Reino. Muy en sintonía con este modo de concebir la misión estuvo el discurso del Cardenal Francis George. Su tema fue "Globalización: desafíos a la misión de la Iglesia". Terminando su presentación, el Cardenal retomó el impacto que el Vaticano II tuvo en la comprensión de la misión. Señaló:

"...el Papa Juan XXIII convocó el Concilio Vaticano II para revitalizar la misión del la Iglesia en el mundo.... Por varias razones, el Concilio aún no ha sido recibido como un llamado de la Iglesia para que el mundo cambie. Se ha gastado mucha energía en cambiar a la Iglesia de acuerdo a varios modelos, pero no se ha puesto la energía necesaria para cambiar nosotros mismos con la ayuda de la Iglesia, de tal manera que así podamos cambiar al mundo."

Mientras el primer modelo pone el acento en la necesidad de cambiar de geografía para cumplir la misión "ad gentes", el segundo lo pone en la necesidad de actuar en situaciones particulares que bien pueden darse en cualquier parte del mundo. Y, de hecho, lo que se se hace en un rincón del mundo bien puede tener su efecto en otro rincón muy distante. Desde la perspectiva del segundo modelo, la Iglesia cumplirá su misión presentando el mensaje de Jesús, con respeto, en aquellas situaciones y encrucijadas en las que está por darse el proceso de transformación. Al señalar las dimensiones positivas y negativas del actual proceso de globalización, por ejemplo, el Cardenal George resaltó que la misión de la Iglesia consistía en proclamar la defensa de la persona humana y la construcción de una sociedad que respeta la vida de todo ser humano. Una misión, por consiguiente, no sólo en beneficio de los cristianos. En consecuencia, este modelo gira de continuo en torno a los retos de la evangelización de las culturas, la transformación liberadora de las estructuras sociales y el diálogo interreligioso. El manjar que necesita sabor, la carne que necesita "sal" es el contrastado mundo de las culturas, de las estructuras socio-económicas y de las diversas religiones.

3. Bondades y debilidades de los dos modelos

Uno podría estar tentado de mirar ambos modelos como excluyentes. Entonces la pregunta sería cuál responde mejor a las necesidades de la misión "ad gentes" hoy, vale decir qué visión de la misión es la más adecuada para promover hoy a la Iglesia. Con todo, me parece más útil tomar de ambos modelos lo positivo que tienen y ajustar la praxis misionera sopesando las bondades y las debilidades de cada uno.


3.1 Compartir escuchando


El primer modelo llama la atención sobre la necesidad de compartir la buena nueva con otros. El segundo nos recuerda que también hemos de saber escuchar. Hay que combinar ambas exigencias. En el encuentro con no-cristianos nuestro proceder puede llegar a ser tan agresivo que más bien parece un esfuerzo de proselitismo. Por otro lado, nuestro "escuchar" puede ser tan pasivo que damos la impresión de sentirnos apocados ante el Evangelio. En contacto con gente de otras culturas nuestro compartir puede ser tan insistente que ni siquiera notamos que la gente no nos entiende, o nuestra disposición de escucha tan condescendiente que descuidamos señalar lo que a ojos vista es unjusto.

3.2 "Ad extra" y "ad intra"

El primer modelo proyecta nítidamente la dimensión "ad extra" que posee la misión de la Iglesia, esto es la necesidad de salir de lo propio, del propio país y continente para ir al encuentro del otro. El segundo modelo resalta que hoy las situaciones misioneras "ad gentes" se encuentran por doquier, incluso en lugares geográficos muy cercanos a nosotros. Ésta es la dimensión "ad intra" de la misión universal. Para ser misionero no es indispensable subir a un avión. Insistir demasiado en la necesidad de salir puede crear la idea de que la misión "ad gentes" es algo que se realiza a mucha distancia de lo propio. Se puede terminar en una especie de "turismo evangelizador" que envía personal al extranjero mientras no se atienden las necesidades misioneras inmediatas en torno. Por otra parte, una insistencia exagerada sobre las necesidades "ad gentes" de la propia Iglesia local podría provocar su replegamiento en sus propios problemas, privándola de la amplia y enriquecedora experiencia de la Iglesia universal.

3.3 Iglesia y mundo

El primer modelo subraya el resultado eclesial de la actividad misionera. El segundo pone la atención en que la meta última de nuestra misión no es sencillamente el crecimiento de la Iglesia sino la transformación del mundo. Una acentuación unilateral de lo eclesial podría inducir a la falsa idea de que, mientras mayor sea el número de bautizados, el mundo se acercará más a la realización del Reino de Dios. Echando una mirada al panorama mundial vemos que más o menos el 90% de la población de las Américas está bautizada,... sin embargo, ¿quién podría afirmar que por eso las Américas están más cerca de la experiencia del Reino? Por otra parte, un énfasis demasiado excluyente en que la misión consiste en la transformación del mundo podría hacernos olvidar que el encargo de ser "luz del mundo" y "sal de la tierra" fue confiado en primer lugar a la Iglesia-comunidad y no a tanto a los misioneros individuales. Siendo miembros de esa Iglesia-comunidad nosotros participamos en esa misión de Cristo que transforma el mundo.

4. Conclusiones

Bien puede ser que uno se sienta mejor interpretado por un modelo y no por el otro. En cuanto a mí, yo me identifico más con el segundo. Sin embargo, el primero posee elementos que me resultan irrenunciables y muy atractivos. Sin duda, la actividad misionera mundial es una realidad compleja que exige un esfuerzo de equilibrio.

Mientras seguimos animando a las Iglesias locales de América a abrirse más y más a la dimensión mundial de la misión, es necesario presentarles la visión más completa posible de la misma. Sería erróneo ofrecerles un cuadro simplificado y unilateral. El modelo geográfico, centrado en el crecimiento de la Iglesia, contiene una visión convincente y clara, pero no es suficiente. El otro modelo, el que llamamos de situaciones misioneras, que apunta a la transformación del mundo es objetivo e inspirador, pero tampoco es suficiente.

El COMLA 6 - o ahora, el CAM 1 - buscó, quizás inconscientemente, el equilibrio de ambos modos de ver la misión. Es de esperar que el próximo CAM, previsto para el año 2002 en Guatemala, encontrará nuevas pistas para asegurar este equilibrio. ¡Ojalá sea un Congreso en el que, por cierto, se escuche la voz de los obispos, pero en el que también se hagan sentir las voces de los laicos y, en especial, de las mujeres! Un Congreso que no sólo dé acogida a representantes de todos los países del continente americano, sino también celebre la participación festiva de otros continentes. Uno podría soñar con un Congreso al que fueran invitados representantes de otras Iglesias y de otras religiones a fin de que también ellos pudieran expresar sus sentimientos y convicciones.

El "slogan" del Congreso que encontró expresión en su inolvidable himno abre un horizonte en el que puede darse un fructuoso equilibrio de los diversos elementos que entran hoy en la comprensión de la misión de la Iglesia:

"Sabemos que la sal no es solamente para el salero. Debe salir para cumplir su deber. Y por eso cantamos ‘América con Cristo - sal de tu tierra’.
Y sabemos que la sal no sale para su propio bien,
sale para perderse y dar sabor a toda la vida.

Y por eso cantamos de nuevo: ‘América con Cristo, (eres) sal de tu tierra’."

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